sábado, 4 de mayo de 2013

LA MEMORIA ESQUIVA


Curiosas las relaciones de la mente en ciertos momentos, que sentada en una butaca del teatro Alexandra escuchando un monologo de humor de Berto Romero me hicieron recordar los episodios vividos unas semanas atrás, cuando aterida por el frío recorría las calles de Krakovia refugiándome en cada iglesia y cada palacio que nos salía al paso y observaba el gris cada vez más espeso del río Vístula, donde la leyenda decía que había fallecido el dragón que vivía en una cueva, encima de la que se aposentó la ciudad una vez muerto, coronándose con el castillo Wavel y su catedral.
Ese ligero cortocircuito de la mente no tenía que ver con Polonia en sí si no con lo que visitamos unos 100 km más allá de la ciudad, y que con la excusa de que debemos recordar de forma perpetua todavía mantiene su huella sobre la nieve, y sobre una herida que nunca cierra y que me sigue sorprendiendo a pesar de que la historia haya avanzado, haciéndome sentir resentida hacía ciertos pueblos que parecen ahora poner todos sus esfuerzos en dominar Europa sin armas de fuego,  pero de una forma sutil y casi agónica llamada Economía.
Estuvimos en Auschwitz-Birkenau y no me siento orgullosa de ello, porque ante algo turístico tendemos a perder el respeto, y no me parecía nada justo salir sonriendo al lado de: un horno crematorio, una cámara de gas,  una pared para los fusilamientos, una celda de un metro cuadrado para mantener de pie durante horas a cuatro personas, toneladas de pelo que se habían empleado para hacer ropa, hospitales dedicados a la investigación de la esterilización de las mujeres para eliminar a todas esas razas inferiores haciéndose desangrar y morir de infección a esas personas conejillos de indias, centenares de fotos de gente con pijama de rayas, cara triste, cara dura, cara perdida, cara que se difuminaba al cabo de pocos meses al acabar muertos por el frío, el hambre, el duro trabajo o el tifus, pocos sobrevivían al año y los que lo hacían sabían muy bien cuál era su destino.

Sin la norma social la crueldad del ser humano no tendría límites, en la masa la voluntad individual tiende a perderse, la memoria es caprichosa, por suerte o por desgracia olvidamos demasiado pronto.

He aquí la relación. Berto tras sus gafas de pasta y ese humor excesivamente inteligente, se dirige al público con el micrófono en la mano y plantea esas cuestiones que pretenden la participación activa pero a la que el público perezoso esta poco acostumbrado. “Díganme” (miento un cómico nunca habla en tercera persona) “Decirme ¿cuáles son consideradas las vestimentas más atractivas? “ , que conste que hablábamos de gente buena, y que la gente se afanó en dar contestaciones, al final tenemos dos: “el traje y el uniforme”, y Berto dice “piensen que cosas malas han hecho gente con traje y uniforme”, estallaron las risas siguiendo el hilo del chiste, yo ni siquiera puedo recordarlo entero, porque se me volvió la idea de la fragilidad de la memoria pensando que es muy posible que un soldado del ejército nazi vestido por Hugo Boss me hubiera resultado terriblemente atractivo,  y luego Birkenau donde se pasea un viento gélido y donde con un simple golpe de vista uno descubre que allí es imposible vivir, volví tan temblorosa del campo de concentración que los dedos se me quedaron pálidos casi azules, y no podía articular palabra, y Mito se tuvo que desnudar por entero como los inuits y frotarme para que volviera, para que el frío y la tristeza no pudieran conmigo.
El humor es altamente inteligente y a veces pasa eso, nos despierta la conciencia.

sábado, 20 de abril de 2013

LA SOLEDAD DE LOS NÚMEROS PRIMOS



Los números primos están tan acostumbrados a la soledad, que incluso acompañados son incapaces de huir de ese extraño mundo de encierro voluntario. La soledad es tan seductora y tan adictiva como la tristeza. Mi cerebro es tan complejo que jamás llegaré a entenderme a mí misma. Y ser tan fue distinto a el tan como que nos hizo iguales a ti a mí.
Me resbala el agua de la ducha por el cuerpo y vuelve el nudo de la distimia entremezclado con el jabón de canela, y oigo al fondo a Mito cocinando, y mientras la espuma se arremolina a mis pies y dejo que las lágrimas se fundan con el agua, recuerdo que los números primos se pueden convertir en pares, y me regaño por olvidarme de que ahora somos tú y yo, y que la vida cambió en un instante, en una noche de agosto, cuando volví con el corazón destrozado por mi cabezonería de cambiar las cosas arrastrando durante cuatro años lo que tenía predicho el fin desde el principio, porque hay inicios que se sospecha que son finales. Cuando recogieron mis pedazos y uniéndolos uno a uno, en un trabajo meticuloso de volver a recomponer el rompecabezas, volví a ser persona.
Las lágrimas sin sentido mejor para cuando esté a solas, para cuando la naturaleza del primo quiera revolverse, para cuando él diga que no se quiere, y para cuando la fuerza del par le recuerde que no es cierto, que se quiere y que la quieren, y que la vida continúa, feliz, sin prisa, con futuro, con ganas, porque simplemente cambió en aquel instante.

sábado, 6 de abril de 2013

CATATONIA



Día Siguiente_Munch

Estamos en abril, en esos días en que el cielo se vuelve de color azul clarito y parece que uno tenga ganas de salir corriendo, gritar y recordarse que está vivo, sin embargo, será por lo apresurado de todo me siento en estado catatónico, como si los hechos avanzaran, me envolvieran y todo girara y yo sin embargo, estuviera parada, sin sentir, sin comprender, sin ser capaz de mover ninguna de mis dos piernas.
En la catatonia la persona se mantiene vigil pero es incapaz de responder a los estímulos, como si existiera una desconexión con el mundo externo. No es infelicidad, ni preocupación, ni desamor, ni dolor, es simplemente estar ausente, dejar que el mundo dé los pasos mientras no tienes fuerzas para volver a la realidad, aunque la realidad siga siendo presente. Y en ese estado catatónico he perdido las ganas de escribir, de saber, de soñar. Demasiado apresurada por vivir y  en ocasiones siento que tal vez,  estoy encerrada en un sueño.  
Oigo mi voz, susurra bajito: “cuando cuente hasta diez despertaré. Uno, dos, tres, cuatro…diez”.

viernes, 1 de marzo de 2013

LO INEVITABLE

“Dios perdona siempre, el hombre a veces, la naturaleza nunca”

Groenlandia de Jordi Faura